LA NECESARIA ELECCIÓN DE LA LLAVE CORRECTA. COLUMNA DE OPINIÓN DEL VICEPRESIDENTE DE LA LNA EN INFOBAE

Propongo que seamos rigurosos y exigentes para que quienes nos convencieron de que eran mejores nos lo demuestren a diario con sus acciones y sin omisiones.
Por Fernando Morales

Es increíble, no nos dan tregua. Cuando creemos que todo está visto y oído, el espanto, la sorpresa y el asombro de ayer quedan sepultados por un nuevo hecho que, al margen de estremecernos en un primer momento, es casi inmediatamente absorbido, o bien por nuestra formidable capacidad de asimilación o por el prematuro alumbramiento de un nuevo suceso.


Tal vez coincidamos en que cualquier descubrimiento en materia de corrupción relacionada con la anterior gestión gubernamental lejos estará de asombrarnos. Sea que nos ubiquemos en cualquiera de los dos lados de la grieta. Si cultivamos el amor incondicional por Ella, seguiremos pensando que se trata de una nueva maniobra del imperio en sociedad con la corpo y Stiuso. Y si nos enrolamos en el sector que la considera culpable de todos los males que nos aquejan, cada nuevo hecho sirve para demostrar que es el mismísimo diablo en persona.


Todo parece indicar, al menos por ahora, que seguiremos viviendo cada día con la simpática visión de los mismos personajes denunciantes ejerciendo su papel respecto a los mismos denunciados. Nuevos expedientes se apilarán en los pasillos de los escasos ocho juzgados federales de Comodoro Py (a los que todo va a parar) donde los mismos jueces atienden las denuncias de unos contra otros en suerte de carrusel de la corrupción y la denuncia.


En relación con el párrafo anterior, no podemos hacernos los distraídos (sobre todos aquellos que adherimos con fe y esperanza a la propuesta sanadora de Cambiemos) a la hora de reconocer que la actual gestión de gobierno tiene algunos severos problemas a la hora de justificar algunas acciones u omisiones que tratan de suavizar con argumentos casi adolescentes y que giran en torno a frases tales como: "No nos dimos cuenta", "¿qué tiene de malo?", "ah, ¿no se podía?", "bueno, daremos marcha atrás", o "no nos supimos explicar".


Una de las diferencias tal vez más notorias entre el votante K y quienes elegimos el cambio es que como Mauricio Macri y casi todos sus colaboradores no son lo que se llamaría "caudillos", no suena muy probable obtener imágenes de un par de miles de personas jurando dar la vida por Mauricio, Marquitos Peña o Gaby Michetti. Quienes adherimos a este nuevo modelo no parecemos muy dispuestos a bancar cualquier cosa a libro cerrado. Tampoco se ven funcionarios unidos por un espíritu corporativo dispuestos a sostener cualquier derrape de un compañero de gabinete. La muestra más clara es lo solo que quedó Juan José Gómez Centurión por decir lo que piensa, con el agravante de que ni siquiera los funcionarios del área de derechos humanos que piensan como él salieron a bancarlo. Ni que hablar de la aliada número uno Elisa Carrió, la que reparte su día entre reuniones con funcionarios en Olivos o Balcarce 50, que deja un lugarcito para pasar por Comodoro Py a denunciar a algunos de sus compañeros de equipo a los que no les perdona ni una falta de ortografía.


Para ser consecuentes con lo que podríamos llamar "espíritu crítico superlativo", una vez cumplido el primer año de gestión de esta propuesta de cambio, no se puede soslayar una nada despreciable cantidad de luces amarillas (casualmente el color PRO) que día tras día se encienden en el tablero de comando de la nación.


Lejano está ya el yerro presidencial de querer designar a los jueces del Supremo Tribunal por DNU y la primera marcha atrás ofrecida como prenda de paz ante el reclamo generalizado a la torpe iniciativa. Difusa también parece ser la embestida por los Panamá Papers, y por ahora la danza de inversiones millonarias e ilegales del grupo Macri que nos habían prometido descubrir no ha sido tal.


No obstante, el banquete democrático que el Gobierno de Cambiemos propuso y al que todos estamos invitados cada tanto (y con más frecuencia de lo deseado) nos está causando alguna que otra indigestión.


Fue necesario suplicarle al ministro de Energía que se desprendiera de su inversión accionaria en una empresa a la que hora debe controlar. El mismo ministro junto con su par de Transportes otorgó una millonaria licitación a una empresa marítima a la que un juez acaba de inhibir por operaciones ilegales en Malvinas. La provincia de Buenos Aires está a punto de conceder la construcción y la operación del Puerto de Ramallo a un grupo empresario que fue denunciado penalmente en Paraguay por defraudar al Estado de ese país precisamente con la operación de un puerto. Y quien lo hace es nada menos que el fiscal general de ese país. Uno de los principales funcionarios de control marítimo del país está imputado por ocultamiento de activos, evasión impositiva y lavado de dinero.


No pretendo hacer un punteo detallado de las pequeñas manchas negras que van salpicando el blanco manto de esta "nueva era". Si lo hiciera, no podría pasar por alto aquel dinero sustraído a la vicepresidente de la nación y que era de una fundación un tanto floja de papeles, ni obviamente el tema del momento relacionado con negociación de la deuda del Correo Argentino.


Lo que sí pretendo es que dentro de mi muy pequeño círculo de influencia comencemos a ser rigurosos y exigentes para que quienes nos convencieron de que eran mejores nos lo demuestren a diario con sus acciones y sin omisiones. Estamos lo suficientemente maltrechos como para permitirnos perder el tiempo escuchando explicaciones sobre cosas que "no son lo que parecen".


Tal vez la ley permita que el helicóptero presidencial aterrice en Punta del Este para recoger a la familia del Presidente, pero quizás también sea mejor que no lo haga. Ocho años estuvo Cristina embelleciendo la Rosada y ahora nos dicen que gastarán 280 millones de nuestros pesos en volver a arreglarla. Una diputada nacional del PRO (aún no se le aceptó la renuncia a su banca) es a la vez interventora judicial en un gremio y presidente del ente que debe limpiar el riachuelo. Es decir, un puestito en cada uno de los tres poderes del Estado.


Cada hecho es "poca cosa", pero el balde del hastío se va llenando de a poco y no sería para nada bueno que rebalse.


Los que gustan de la historia podrán repasar con facilidad los 200 años de vida institucional de nuestro país, la crisis permanente, la corrupción, los entuertos políticos, la deuda externa iniciada junto con el mandato del primer presidente, la promesa de que lo que vendría sería mejor, las luchas internas, las externas (de las que felizmente ya no hay más) y hasta distraerse debatiendo sobre el original proyecto de ley de la diputada Nilda Garré por el cual podremos ir presos por pensar "feo".


Los que gustamos más del presente y sobre todo del futuro tenemos la obligación de lanzar un fervoroso llamado de atención a nuestros actuales gobernantes: "Señores, es aquí y ahora, tienen en sus manos las llaves de dos puertas; una les abre el camino a la gloria y al reconocimiento eterno. La otra, la de los ya atiborrados pasillos de la poco expedita Justicia federal". Está en ustedes elegir.


Fuente Infobae


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