Por Hernán Pablo Gávito
Publicado: 04-11-2026
Hace décadas que la Liga Naval no tenía tan alta exposición pública como la ocurrida en los últimos dos años. No se trata de una casualidad, aunque tal vez pueda serlo que, justo en esta etapa, su presidente y varios directores son oficiales de la Marina Mercante.
Ocurre que desde el inicio del actual gobierno nacional hubo un feroz ataque hacia los intereses marítimos argentinos que son la razón de ser de la institución.
La primera ley “ómnibus” (como se les decía antes a estas leyes que mezclan temas sin demasiado criterio), la que el oficialismo llamó “ley bases”, se pretendió una delirante privatización del Mar Argentino para la actividad pesquera, una actividad privada singularmente exitosa. Semejante desatino se desmoronó rápidamente ante la oposición incluso de dirigentes oficialistas de provincias y municipalidades que conocen de cerca el tema.
Posteriormente apareció el DNU 340 que reproducía, aunque algo empeorado, el decreto 1772 de 1991 cuyo resultado fue la extinción de las empresas privadas de navegación de ultramar al exterior y que, insólitamente, hasta los remolcadores portuarios enarbolaran banderas extranjeras. Ya para ese momento, el accionar de la Liga Naval resultó central, utilizando ante todo, un argumento elemental pero que, increíblemente, parecía olvidado: la importancia estratégica de la Marina Mercante. Una importancia estratégica para la logística de cualquier nación seria lo cual incluye la defensa naval, mucho más en un país de extensísimo litoral marítimo y fluvial, que reclama un sector de la Antártida con notables pergaminos y cuyo único conflicto internacional realmente existente es insular. No cabe ninguna duda de que los fundadores de la Liga Naval pensaban exactamente en eso.
Derogado el mencionado DNU por el Congreso de la Nación, con muy amplias mayorías en las dos cámaras, sobre finales de 2026 aparecieron nuevamente iniciativas en el mismo sentido. En este caso, increíblemente, empujadas por gobernadores del NEA a quienes alguien les vendió que si se desregula la Marina Mercante (eufemismo para decir que se disuelve la Marina Mercante nacional), buques de terceras banderas ingresarán a cada rato a sus puertos para llevarse unos troncos, o unas naranjas lo que sea necesario. Insólitamente, hubo que abundar en datos tan elementales como cuál es el calado de esos puertos o cuánta carga es de interés para que una empresa naviera mande un barco a cargar.
Se ha hecho hincapié en los “costos” de la bandera argentina respecto de otras banderas, especialmente la paraguaya. Es falso. Son costos similares solo que algunos pillos piensan en que podrían pagar menos impuestos, un clásico. Y, además, ¿costos con cuál tipo de cambio?, pregunta que angustia a más de uno pero que ya pulula en círculos rojos, porque flota en el aire aunque nadie la formule.
Como poco menos que un corolario, con la legislación a actual, existen los “waivers” que permiten que buques de bandera extranjera realicen ciertos fletes de cabotaje. De hecho son numerosos los vigentes en la actualidad. Y hasta los gremios marítimos han propuesto facilitar aún más que se puedan obtener para cargas específicas. Es decir, la pretendida ley de “desregulación” desregularía para que se pueda hacer lo que ya se puede pero destruyendo todo lo demás.
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