NAUFRAGIO DEL HELENO A: EL FINAL DE UNA CADENA DE TOLERANCIAS IRRESPONSABLES

La tragedia en el mar revela un h谩bito argentino: convertir el duelo en tribunal y la prevenci贸n en tr谩mite; mientras tanto, la cadena completa sigue operando con tolerancias que nadie asume como propias.
Publicado: 05-03-2026

El hundimiento delTitanic fue algo m谩s que una cat谩strofe mar铆tima, fue la demolici贸n de una ilusi贸n. La ilusi贸n que el prestigio reemplaza a la ingenier铆a, que la estad铆stica doma al azar, que la modernidad t茅cnica vuelve innecesario el rigor y que la confianza de lo consuetudinario aplaca eventos indeseados.


La humanidad no respondi贸 con un rezo colectivo ni con un linchamiento selectivo, tampoco con crucifixi贸n. Respondi贸 con arquitectura normativa. De esa herida nacieron est谩ndares, pr谩cticas, obligaciones, y la idea 鈥攈oy elemental鈥 de que la seguridad en el mar no es un gesto, sino es un sistema. Con el tiempo, esa l贸gica cristaliz贸 en el entramado regulatorio internacional que encarna la Organizaci贸n Mar铆tima Internacional, convertir la tragedia en regla, y la regla en h谩bito operativo.


Argentina, frente a sus siniestros, suele recorrer el camino inverso. Aqu铆 el naufragio enciende la plaza moral antes que el laboratorio t茅cnico. Y el laboratorio t茅cnico 鈥攃uando llega鈥 aparece tarde, acorralado por urgencias, por especulaci贸n, por un clima social que exige culpables como si el se帽alamiento inmediato fuera un sustituto del control que falt贸 antes. El pa铆s que se indigna con velocidad se parece, demasiadas veces, a un pa铆s que inspecciona con demora. Poco serio.


El caso del Heleno A reabre esa escena con una crudeza que molesta. Apenas asoma el riesgo sobre una vida humana, se activa una liturgia conocida, buscar una firma, un apellido, un 鈥渞esponsable directo鈥. La necesidad de crucificar se disfraza de sensibilidad por el hombre de mar, pero en el fondo opera como una coartada colectiva. Porque la seguridad mar铆tima no se derrumba por una sola decisi贸n aislada; se degrada por acumulaci贸n y sucesion de eventos, por m谩rgenes que se achican, por controles que se vuelven previsibles, por excepciones que se normalizan, por urgencias econ贸micas que colonizan la prudencia. La tragedia es el 煤ltimo cap铆tulo de una novela espantosa que el sector 鈥攜 el Estado鈥 escriben durante meses o a帽os.


Este texto no busca absolver a nadie. Tampoco repartir culpas a ciegas. Lo que se intenta es quitarle al sistema su m谩scara defensiva. Porque al final, el 鈥渞eparto de culpas鈥 suele ser una tecnolog铆a social para evitar discutir lo esencial. Personaliza la responsabilidad para que la estructura siga intacta. Se elige un eslab贸n 鈥攗n inspector, un armador, un capit谩n, un funcionario, un tr谩mite鈥 y se lo ofrece como expiaci贸n. La sociedad se calma, la cadena respira, la operatoria vuelve. Y el aprendizaje verdadero 鈥攅l que altera incentivos, pr谩cticas y control鈥 queda, otra vez, pendiente ante uno futuro evento. El sector no aprende.


Hay una palabra que el sector evita pronunciar en voz alta porque compromete a todos, complicidad. No en el sentido penal, sino en el sentido sist茅mico. La complicidad de la rutina. La complicidad de la tolerancia. La complicidad de las zonas grises que se conocen, se comentan, se negocian, y se justifican hasta que el mar decide cobrar la cuenta. Esa complicidad adopta muchas formas: el mantenimiento diferido que 鈥減uede esperar鈥; la observaci贸n t茅cnica que se minimiza; la inspecci贸n que se convierte en checklist documental; el 鈥減ilotaje鈥 o traslado en el que se relaja el est谩ndar porque 鈥渘o est谩 operando鈥; la presi贸n sobre la autoridad para que habilite, para que no detenga, para que no 鈥渕ate la producci贸n鈥. Luego, cuando ocurre el desenlace, el mismo ecosistema que empuj贸 al l铆mite reclama severidad retrospectiva. Ah铆 la hipocres铆a deja de ser un vicio moral: se vuelve un factor de riesgo. La hipocres铆a tambi茅n mata.


La falla argentina no es solo t茅cnica. Es cultural, y por eso persiste. Se reclama la primac铆a de la vida humana, pero se convive con un modelo que penaliza al que detiene y premia al que 鈥渉ace zafar鈥. Se exige 鈥渕ano dura鈥 despu茅s del accidente, pero se discuten 鈥攃on intensidad鈥 las demoras preventivas, los partes t茅cnicos, las medidas correctivas que incomodan. Se aplaude al que resuelve por fuera del circuito y se castiga al que lo respeta. As铆 se construye un sistema que aprende a sobrevivir al esc谩ndalo, no a prevenir el siniestro.


El ecosistema de la pesca agrega, adem谩s, un componente propio: la urgencia econ贸mica como argumento total. La urgencia existe, es real, y nadie serio la niega. Pero cuando la urgencia se vuelve llave maestra, termina justificando cualquier cosa: permisos precarios, autorizaciones tensadas, controles insuficientes, buques que navegan con m谩rgenes degradados, circuitos administrativos que operan por presi贸n y no por criterio. El resultado es perverso: se invoca el trabajo para relativizar la seguridad, y luego se invoca la vida humana para exigir castigo. Entre ambos movimientos, el sistema se protege a s铆 mismo.


Tambi茅n el periodismo debe mirarse al espejo. La cobertura del naufragio suele ser un p茅ndulo entre la 茅pica y el pared贸n. Se narra la tragedia, se amplifica el rumor, se construyen sospechas, se editorializa en caliente. Pero el periodismo especializado conoce 鈥攑orque lo escucha en muelle y lo ve en papeles鈥 que las anomal铆as operativas no aparecen de la nada. Si esa informaci贸n se administra solo cuando hay tragedia, entonces el oficio participa, aunque no lo quiera, del mismo mecanismo defensivo: iluminar el 煤ltimo minuto y dejar a oscuras la d茅cada previa. El mea culpa es inevitable, si se busca un modelo serio, el periodismo debe dejar de ser combustible del linchamiento y convertirse en insistencia t茅cnica sobre lo preventivo.


Por eso, la pregunta correcta frente al Heleno A no es solamente qui茅n firm贸, qui茅n autoriz贸 o qui茅n 鈥渇all贸鈥 ese d铆a. La pregunta decisiva es anterior y sist茅mica, qu茅 umbrales de control se aceptan como normales; cu谩ntas excepciones se toleran; cu谩n verificables son las inspecciones; qu茅 recursos reales existen para fiscalizar; qu茅 margen tiene un capit谩n para decir 鈥渘o鈥 cuando hay presi贸n; qu茅 castigo social recibe el que detiene una operatoria por razones t茅cnicas; qu茅 tan fr谩gil es la cultura de reporte; cu谩ntos casi accidentes se pierden por miedo, por costumbre, o porque lo artesanal reviste mayor tolerancia; cuando la seguridad del ser humano es la misma en un gran buque de porte como en el de una chalupa.


Si algo ense帽贸 el hundimiento del majestuoso Titanic 鈥攜 todo siniestro posterior鈥 es que la seguridad se construye antes del choque, antes de la v铆a de agua, antes del pedido de auxilio. Se construye en est谩ndares no negociables, en fiscalizaci贸n efectiva, en capacitaci贸n verificable, en disciplina de estanqueidad, en achique funcional, en comunicaciones sin demora, en cultura de 鈥減aro preventivo鈥 sin estigma. Se construye, sobre todo, en un pacto que en Argentina cuesta: que cada actor acepte que forma parte del riesgo, incluso cuando no es el protagonista del titular.


La vida del hombre de mar no se protege con indignaci贸n selectiva, ni con tribunales improvisados, ni con condenas de sobremesa. Se protege con algo m谩s exigente: un sistema que no dependa de la virtud individual, sino de la obligaci贸n com煤n. Un sistema que deje de premiar el atajo, que deje de romantizar la precariedad, que deje de negociar con la f铆sica. Y que entienda, de una vez, que el mar no distingue entre culpables y no culpables: solo expone, con violencia, lo que la tierra decidi贸 tolerar.


Hoy un gremio exige explicaciones, y la interpelaci贸n inevitable es otra: 驴de verdad se pretende sostener que se ignoran los mecanismos 鈥攖an conocidos como persistentes鈥 por los cuales ciertos controles se vuelven permeables, ciertas inspecciones se vac铆an de sentido y ciertas pr谩cticas irregulares se toleran como si fueran folklore operativo?.


Resulta dif铆cil conceder esa inocencia cuando es p煤blico, en el propio universo mar铆timo, que existen incentivos para la complacencia, que la selectividad declamada rara vez se traduce en conducta verificable, que hay radares portuarios donde la obsolescencia navega con naturalidad, que en distintos tramos del litoral se habilitan permisos precarios con fiscalizaci贸n d茅bil, y que parte de la comercializaci贸n encuentra atajos en circuitos opacos, sin la trazabilidad que la ley y la 茅tica elemental exigen.


En ese marco, reclamar severidad retrospectiva ante un siniestro que compromete la vida del hombre de mar puede convertirse 鈥攕i no se acompa帽a de una revisi贸n honesta鈥 en un gesto defensivo: una forma de personalizar responsabilidades para evitar la discusi贸n inc贸moda sobre la arquitectura de tolerancias que sostiene al sistema.


La actividad, y las familias que dependen de ella, no necesitan un nuevo altar donde inmolar eslabones con liviandad; necesitan seriedad institucional llevada a su m谩xima expresi贸n, reglas claras, control real, disciplina operativa y apego estricto a derecho, aun cuando incomode.


Para los integrantes de la comunidad pesquera, no hacen falta culpables, sino ponerse a trabajar para evitar nuevas perdidas del personal embarcado y sus herramientas de trabajo. Y s铆, el mar conserva siempre una cuota de azar, como la conservan el aire para los aviones y la ruta para los siniestros vehiculares; a veces un barco se hunde. Pero, la diferencia entre fatalidad y tragedia evitable reside en cu谩ntas variables fueron deliberadamente permitidas antes del golpe final. Por eso, si se busca de veras un cambio, el primer abandono debe ser cultural, dejar atr谩s la hipocres铆a, porque tambi茅n forma parte del riesgo.


FUENTE: PESCARE


DEJE UN COMENTARIO







COMENTARIOS RECIBIDOS


No hay comentarios para esta nota.

Buscador



VER ENCUESTAS ANTERIORES



   Reconquista 385, 3er piso - C.A.B.A. - Argentina
   (54-11) 4394-5469 y 4394-5603
   socios@liganaval.org.ar
   secretaria@liganaval.org.ar
   presidencia@liganaval.org.ar
   admin@liganaval.org.ar
   HOME
   NOSOTROS
   ESTATUTOS
   HISTORIA
   AUTORIDADES
   BENEFICIOS
   NOTICIAS Y ACTIVIDADES
   LINKS
   SOCIOS
   SUSCRIBIRSE AL NEWSLETTER
   VER NEWLETTER
   CONTACTENOS
   LIBRO DE VISITAS
   POLITICAS DE PUBLICACIÓN
Diseño web: Trigono